Imagen original extraída de: FB Gaélica

Gaélica: un fresquito musical en tiempos caóticos

24/01/2018 | 04:59 pm

Por: Eileen Rada

Escuchar a Gaélica es como sentir una bocanada de aire puro en forma de música aunque afuera el mundo esté en llamas. Bueno, no literalmente, pero ustedes entienden. No solo lo decimos en La Mega, si revisan sus redes sociales notarán la fidelidad de sus fans con los comentarios que hacen. En fin, el caso es que esta banda, nacida en 2001, ya tiene casi dos décadas pateando calle con su música.
 
La transformación desde sus inicios hasta hoy ha sido abismal. Este grupo, hoy conformado por Gabriel Figueira (flautas, Gaita y voz), Rubén Gutiérrez (Guitarra y voz), Armando Álvarez: (Percusión) y Chapis Lasca (Bajo y voz) ya tiene cinco discos bajo el brazo:  Ibérica y Latina (2005), I/O (2007) Paz, una Navidad celta en Venezuela (2009), Luz, una Navidad celta en Venezuela (2012) y El día que todo cambió (2017). No fue sino este último en que los muchachos se arriesgaron a incluir la voz como un instrumento… ¡y les fue genial!
 
Aprovechando el éxito de su álbum más reciente, invitamos a Gabriel Figueira para hablar de la evolución de la banda y aprovechamos para acorralarlo con unas preguntas obligatorias en la #WebMega… pero eso lo verán al final.
 
¿Cuál fue El día que todo cambió para la banda?
 
Hubo varios días. El primero fue cuando salió nuestro primer álbum, Ibérica y Latina, en 2005. Ahí fue cuando nos convencimos de hacer esto de una forma 100% profesional, de que fuera el proyecto principal de Rubén, Armando y mío. A partir de ese álbum cambiaron las cosas. Creo que también este álbum marcó un momento importante porque fue como volver a las raíces el pop y el rock. Todo el camino de la música celta, el World Music, fue interesante pero quizás ahora estamos tomando todo lo que aprendimos de ahí y llevándolo a la música que escuchábamos desde adolescentes. Este es el disco cantado, así que el paso vocal es bastante importante.
 
¿En algún momento sintieron temor de incluir la voz como un instrumento en su música o simplemente dijeron “bueno, ya, vamos a soltarlo, es el momento”?
 
Como banda sí. Yo estaba convencido de que era lo que se tenía que hacer, estaba trabajando el formato canción con otros artistas, pero aunque parecía que cada uno lo entendía por separado como banda nos preguntábamos “¿será que cantamos todas las canciones?”. Hubo mucho temor e inseguridad porque era un elemento completamente nuevo, y además el más difícil.
 
¿Cómo fue el proceso de adaptación?, ¿el temor que tenían era porque pensaba que cambiaría la esencia de la banda o por cómo lo recibiría el público?
 
De todo un poco. Los cambios siempre traen inseguridad y miedo. Hicimos una primera prueba con el tema “Brújula”, que fue muy bien recibido. Una vez que la cosa tuvo el éxito que tuvo ya no nos preocupamos.
 

Además de que ese tema se convirtió en un himno de mucha gente…
 
Cada quien le ha dado su propio significado. Además de que la letra es bastante abierta y nos encanta que la gente la haga suya.
 
Leyendo su cuenta de Twitter vi comentarios muy emotivos. Algunas personas dijeron que habían superado depresiones gracias a su música y que por fin vieron la luz escuchando su disco El Día Que Todo Cambió. ¿Cómo reciben ustedes esos comentarios? ¿Estaban preparados para toda esa ola?
 
Siempre es sorprendente, obviamente, que haya una conexión emocional tan grande, tan fuerte. Eso es lo que más me interesa cuando compongo. Para mí funciona cuando hay una conexión emocional con quien recibe la canción. Igual es sorpresivo que el resultado se haya logrado tan fuertemente, pero era una necesidad que tenía.
 
Siento que a nosotros los venezolanos nos cuesta a veces ahondar en la emocionalidad. Es el país que es y estamos viviendo todo lo que estamos viviendo y mucha veces nos protegemos mucho emocionalmente; cambiamos esos sentimientos de miedo, desesperanza, tristeza.
 
Nos ponemos una coraza, ¿no?
 
Sí, nos ponemos corazas, nos ofendemos, etc, cuando en el fondo lo que está pasando es que hay una gran tristeza, un gran miedo, desesperación, decepción por lo que está sucediendo pero a uno le cuesta afrontarlo porque todo esto se asocia con sentimientos de debilidad y uno no quiere mostrarse débil. Yo, como compositor, quiero ahondar en las cosas que callamos, buscando abrazar esos sentimientos y cambiarlos por sentimientos de esperanza o de motivación. Esa conexión es lo que hace que el público sea tan fiel hacia la banda. Realmente hay un cariño mutuo.
 
Además de que el disco lo publicaron en un momento clave. Estaba todo muy agitado en Venezuela y esto fue como un respirito…
 
Completamente. Ese disco comenzó a hacerse en 2014 y la mayoría de las composiciones están inspiradas en momentos antes, durante y después de febrero o marzo de ese año, que fue un período muy fuerte. Yo siempre estuve muy involucrado con los movimientos estudiantiles y lo viví muy de cerca en ese año. Muchas de las canciones nacieron de ahí. No es una denuncia ni crítica, yo no escribo sobre política porque es un tema que no me interesa tocar, pero, sí, el sentimiento se inspira ahí. Luego el disco se retrasó, salió el 19 de abril de 2017 y volvió a coincidir con un momento difícil en Venezuela.
 

Leí que Gaélica dio sus primeros pasos en una obra de teatro. También han coqueteado con el cine. Su música ha formado parte de la banda sonora de Fuera Del Aire y de Solteras Indisponibles. Además de eso, ¿cómo creen que se fusiona o podría fusionarse la banda con otras áreas del arte?
 
Uff. Bueno, quiero vincularlo más que nunca al arte. Yo vengo de la escuela teatrera, Armando también. El algún momento involucramos a Rubén, que nunca había actuado ni nada, pero él es muy histriónico, muy chistoso. A puerta cerrada, es más actor que Armando y yo. Ahora estoy loco por juntarme con gente que haga danza. Hay algo en el baile que siempre me gustó pero estos últimos años me ha capturado mucho. Quiero en algún punto hacer algún videoclip o empezar a involucrar danza en los conciertos. Creo que es un arte increíble, porque además, yo no bailo nada.
 
Ahora sí, ¿hay planes de internacionalización?
Sí, desde hace rato estamos en eso. Queremos hacer las cosas bien, no hacerlo a loco, queremos prepararnos. Estamos trabajando con gente afuera, tenemos un pie allá y un pie acá. Este año tuvimos chance de hacer algunas cosas, el año que viene seguramente será mejor porque ya el disco está andando. La promoción es primero nuestro país, que es donde tenemos el mayor público y ahora quizás si empecemos una girita afuera. Pero por ahora estaremos con un pie allá y uno acá; no nos sentimos preparados para radicarnos afuera.
 
Entendiendo a la banda como un ser que se transforma, ¿qué consejo le daría la Gaélica de 2018 a la de 2001?
Que haga canciones más cortas. Los primeros álbumes tienen canciones de 6, 7 minutos, eran como más cinematográficos. El formato de la canción suele ser 3 minutos o 4 máximo porque te ayuda a sintetizar, a ir más al grano. Es un consejo técnico.
 
¿Y un consejo de vida?
Que se arriesgara más desde antes con el canto. Creo que perdimos tiempo, quiźas con mucha inseguridad. Al no haber un precedente de lo que hacíamos siempre nos costó ponernos las pilas para avanzar rápido.
 
Ahora sí, aquí te dejamos la ronda de preguntas:
 

 
#EntrevistaMega…¡donde sea!